
Dos bandidos llegan al barrio chino y entran en un rancho, arrastrando a un tipo. Adentro, un Negro de 1,98m y 130 kg. mezcla de goajiro con africano, limpiándose las uñas con un cuchillo de cocinero.
- Negro, el jefe pidió que te cojas y le revientes el culo a este carajo, para que aprenda a no hacerse el macho con nuestra banda.
- Déjenlo ahí en un rincón, que mas tarde me encargo de él. Cuando los malandros se van el tipo dice: - Por favor Señor Negro, no me haga eso, después de culeado mi vida se termina, tenga piedad por el amor de Dios.
- Cállate la jeta y quédate quietico ahí.
Al rato vuelven los bandidos con otro pobre pendejo. - Negro, el jefe pidió que a este, le cortes las dos manos y le perfores los ojos, para que aprenda a no tocar la plata de la venta de drogas.
- Déjalo ahí que dentro de un rato me encargo.
Una hora después traen otro pobrecito. - Negro a este le cortas el huevo y la lengua para que nunca mas se meta con las mujeres del barrio
-Tá güeno déjalo ahí en el rincón con los otros.
Finalmente traen a otro. - Mira "Negrin", a este lo cortas en pedacitos y mandas cada pedacito para la familia!.
En ese momento, el primer tipo le dice al Negro, en voz bien baja:
-Señor Negro, por favor no se vaya a confundir: ¡¡El de la cogida por el culo soy yo!! ¿OK?.
Hoy quise empezar mi entrada con un chiste que ilustra perfectamente el tema que traigo en la cabeza, la perspectiva.
No te ha pasado querido lector que andas cabizbajo, cansado, triste y sin ilusiones porque crees que estas pasando por el pero momento de tu vida y puede que sea así, pero en esta cultura en la que estamos inmersos del “*wannabiismo”, muchas veces nos concentramos en querer ser o tener cosas que no tenemos o que no somos.
En mis tiempos de adolescente, Arjona se iba a presentar cerca de donde vivía (si lo sé, es patético que me guste, pero algún defecto tenía que tener –je-), en esos momentos la situación económica en mi casa no era la más abundante y por supuesto no podía pagar los boletos para ir al concierto, estuve semanas tratando de conseguirlo por todos lados, al final de cuentas no fui y hasta la fecha nunca lo he visto en vivo, pero bien recuerdo lo miserable que me sentía por no tener dinero para conocer a mi artista preferido y me llenaba de rabia saber como otros si podían.
Al poco tiempo, mi pá se quedo sin trabajo y por supuesto que las cosas se pusieron peor y tuve que trabajar, afortunadamente nunca nos falto nada, pero tampoco nunca tuvimos lujos, yo entendía que mis papás se esforzaban por darnos un futuro pero eso no me quitaba el sentimiento de ser menos por no traer ropa de marca o tenis nuevos cada mes. Es cierto que uno sabe que las cosas materiales van y vienen pero, desgraciadamente en nuestra realidad, vales por lo que posees y como te ven te tratan.
Años más tarde conocí a mi mejor amigo, el abejorro más guapo que conozco y con el que hoy día comparto mi vida y al platicar de cómo nos fue en nuestra infancia me di cuenta que yo tuve muchas cosas de las que él fue privado y lejos de sentirse frustrado, hoy lográ siempre tener una perspectiva muy clara del verdadero valor de las cosas.
¿Cuántas veces te has sentido miserable y has hecho un alto para observar a tu alrededor? Casi nunca verdad, es más fácil quejarse, es más fácil pedir que te soben las heridas y te apapachen porque algo te duele. No es sencillo tener el valor de voltear a ver todas las cosas maravillosas de las que estas rodeado. Es más sencillo esperar que llegue alguien que te diga lo que tienes que hacer para poder culparlo si algo sale mal con la decisión correcta, aunque de antemano la sabes.
Por eso, para ajustar siempre la perspectiva de un problema considero que el primer paso es hacer una lista de las 101 cosas buenas que tienes en la vida, agradecer a la vida o a Dios, si crees en él, por ellas. Una vez hecho esto verás que eso que hoy te agobia no es tan grave y definitivamente, tiene solución.
